Un paisaje industrial

FUNDAMENTOS HISTÓRICOS PARA EL PAISAJE INDUSTRIAL FRAY BENTOS

Investigación y recopilación documental. René Boretto Ovalle

Es importante retroceder en el tiempo como para engarzar, de ser posible desde las primeras, aquellas perlas de los acontecimientos históricos que marcaron las características que hoy le reconocemos al paisaje cultural-industrial de la región denominada “del bajo Río Uruguay”.

No nos detendremos en Las descripciones geográficas y conceptualizaciones de sus valores naturales, sino que, dentro de lo posible, este trabajo procurará marcar, fijar, reconocer y ordenar para que se entiendan desde el punto de vista de la cronología histórica, aquellos hechos y acontecimientos puntuales, generales y acaso de mayor influencia geográfica que fueron definiendo el perfil de esta región.

Quizás los antecedentes proto históricos del poblamiento humano y aún antes que ello los caracteres de la geología, el paleo-clima y los cambios en las condiciones geográficas, climáticas, ambientales y ecológicas que sufrió este territorio ayuden a comprender que quizá -y sin quizás- allí reside el tipo de paisaje que permitió el asentamiento de la fabulosa riqueza ganadera en los últimos cuatro centurias.

Pero no necesariamente ingresaremos en la multidisciplinariedad de estos temas tan variados y complejos. Lo cierto es que, en determinado momento histórico, no alejado de nosotros más que cuatrocientos años, una intervención humana, viendo, conociendo y valorando estos componentes de la geografía, modificaron el territorio con la introducción del ganado vacuno.

Allí se gesta el paisaje cultural-industrial a que nos referiremos a continuación, entendiendo como tal, acompañando al autor Daniel Vidart : “Las alteraciones que experimenta y continúa experimentando la superficie de la tierra, no son otra cosa que las consecuencias indirectas y visibles de aquellos procedimientos y medios que sirven a los fines de la cultura material, es decir de las necesidades materiales del hombre, concernientes a su alimentación, vestimenta, desplazamiento de un lado a otro, vale decir, los objetivos de la economía humana”.

Se agregó al paisaje tradicional, un elemento extraño, foráneo, como lo fue el ganado vacuno y equino que por las condiciones especiales que tenía la geografía local, se implantó como un elemento más, despertando el interés humano por ser un recurso económico. Tampoco deseamos dejar de lado al especialista en paisajes culturales, Joaquín Sabaté, cuando éstos, se forman como si fuesen “una huella del trabajo del hombre sobre el territorio; algo así como un memorial al trabajador desconocido”.

Para estudiar y definir este paisaje en particular, partimos de la base, entonces, de una acción humana, consciente o no, sumando individualidades pero formando parte de un comportamiento que, sostenido o dividido en períodos de mayor o menos actividad, revestidos de intereses económicos, políticos y con prácticas culturales de los pobladores, fue acumulando hechos y actos que dieron a la región y al territorio un perfil e identidad muy marcados.

¿Qué elementos integran un paisaje industrial? Sin duda que son varios y no en todos lados se encuentran presentes, pero sí podemos decir que están íntimamente relacionados con el o los principales recursos que el hombre considera de interés para su desarrollo social, comercial o industrial.

Recordamos al economista Harold Adams Innis profesor de economía política hacia 1930 en la Universidad de Toronto (Canadá) que fue autor de varios seminarios relacionados a la historia de la política económica canadiense. Este investigador jerarquiza el efecto causado por la producción de una determinada materia prima en una sociedad y su economía, como consecuencia de la aplicación de innovaciones tecnológicas que permiten el desarrollo y aprovechamiento de las materias primas esenciales de una región.

Innis consideraba que no solamente la abundancia de determinada materia prima condiciona a la gente para su aprovechamiento, sino que el deseo y la necesidad de convertir la producción en extensiva, hace aparecer sistemas de producción, transportación y una preocupación esencial de la explotación racional que permita su explotación sostenible sin atentar contra la cantidad y calidad de la misma. Incluso, tal como constató ese autor en el tema de la explotación del bacalao y las pieles en el desarrollo de la economía canadiense, aún sin ser planificado en el origen de la explotación, aparecen paralelamente numerosas actividades que ayudan a la investigación en profundidad de la materia prima, su promoción y colocación en los mercados, así como la creación de nichos de mercado también para subproductos o mercaderías semi-terminadas o terminadas derivadas de la materia prima original.

Es evidente, (tal como opinan otros autores e investigadores de este fenómeno detectado por Innis) que cosas como las hoy reconocidas como “know-how”, “logística” y “marketing” pronto pasan a formar parte ineludible de la explotación intensiva y extensiva de una determinada materia prima. Melville H. Watkins, basado en Innis ha presentado (1963) una “teoría general del crecimiento económico basado en la materia prima”, sobre todo vigente en las economías nacionales dedicadas a la exportación.

Este autor opina que la teoría es perfectamente aplicable a países de economías de reciente desarrollo como Argentina, Uruguay, Australia, Canadá, Sudáfrica y Nueva Zelanda. Reconociendo la aplicabilidad de esta idea, es fácil reconocer que al asentarse el hombre en una zona o región con el interés de explotar un recurso dado, deba pensar primordialmente en dotar a su emprendimiento de un lugar adecuado para conseguir fácilmente el recurso (en nuestro caso la carne); tratar de estar cerca y con buena comunicación terrestre para hacer llegar la materia prima al sitio de procesamiento; disponer de un sistema de transportación para llevar el resultado de su industrialización a los mercados; conseguir y asentar en la zona a la mano de obra necesaria, promoviendo la inmigración de personal idóneo; aplicar recursos tecnológicos y técnicos para acrecentar, mejorar y profesionalizar la producción, etc.

En el caso de Fray Bentos, es aún posible en el presente identificar con claridad cuáles de esos elementos fueron usados, porque forman parte de la geografía propia del Bajo Río Uruguay: un sitio sobre las costas del río Uruguay con buen puerto, estancias propias o alquiladas para disponer del ganado en condiciones en todo momento, una pléyade de peones y técnicos para instalar, controlar y mejorar procesos de producción, para quienes debió instalarse un asentamiento regular (en nuestro caso una “company town” llamada la ranchada” y después barrio Anglo).

De la mano de ello, se verificó un fenómeno inmigratorio que atrajo a personas de más de 50 naciones del mundo. No tenemos miedo de introducir la palabra “paisaje industrial” cuando hablamos de Fray Bentos porque no podremos desconocer su creación como obra humana, algo así como el territorio intencionalmente delimitado con consecuencias a través de las obras que en él se implantaron.

La geografía ha sido la base, el sustento y el “marco” pero el contenido de esta obra, debemos reconocérsela al complejo sistema por el cual el hombre y su sociedad han ido, tiempo mediante, concatenando ambos factores en un particular proceso de interacción.

Más que un simple fragmento de la geografía, el paisaje será consecuencia del accionar social del hombre que va dejando cargas de significación y simbolismo en aquel espacio virgen. ¿Qué trae como consecuencia la aparición de un paisaje industrial? De hecho, aseveramos que en la noción sistémica del paisaje, éste se concibe como un todo dinámico, como un bien productivo y cambiante donde es muy difícil dejar de reconocer a los elementos sociales, identitarios, culturales, geográficos y naturales íntimamente unidos.

LOS ELEMENTOS INTEGRANTES DE NUESTRO PAISAJE INDUSTRIAL FRAY BENTOS.

Puede que haya otros elementos a reconocer, pero los básicos serían los siguientes, utilizados ex profeso en el documento que se sometió a la consideración de UNESCO para la declaración como patrimonio mundial, aprobado en julio de 2015.

EL RIO URUGUAY. Obviaremos la información puramente descriptiva sobre el Río Uruguay, que no obstante, pueden encontrar en el sitio de la Biblioteca Virtual de Rio Negro, en https://sites.google.com/site/spdrionegro/recursos-naturales/el-rio-uruguay. El río se ha comportado como fuerte línea divisoria de territorios, con diferencias en diversos aspectos, sobre todo porque la margen izquierda (hoy República Oriental del Uruguay) es de mayor altitud.

Por el fenómeno descrito por el naturalista, biólogo, geólogo, meteorólogo, geógrafo, botánico de origen ruso Karl Ernst von Baer (1860), se verifica que como consecuencia de la aceleración adicional debida a la rotación de la tierra, los ríos del hemisferio norte erosionan su orilla derecha y los del hemisferio sur lo hacen en la margen izquierda.

De esta manera, se verifica un calado mayor en la orilla cóncava, mayormente visible en los ríos con meandros. En la última etapa del río Uruguay (Bajo) se ha notado esto; los puertos sobre la margen izquierda son profundos y mantienen su limpieza en forma natural, en tanto que sobre la margen derecha se depositan residuos y arrastres fluviales. Otra característica del río se ha descubierto recientemente.

De acuerdo a nota periodística publicada en Internet, se ha divulgado interesante información respecto a la antigüedad del río y su acción sobre la geografía. (Transcripción de nota de prensa) “Por medio de estudios geomorfológicos y batimétricos, un grupo de investigadores argentinos llegó a un hallazgo sin precedentes: la existencia de un cañón en el cauce del río Uruguay a lo largo de la frontera entre Argentina y Brasil.

Se trata de un cauce labrado por el río que en el segmento relevado cercano a El Soberbio tiene hasta 50 metros de profundidad, habiendo además enormes “ollas” y paredes que compiten con la rareza de los Saltos del Moconá. Las “ollas” que se encuentran sumergidas, algunas de hasta 47 metros de profundidad, indicarían antiguos socavones de la roca de base a raíz de potentes saltos de agua.

El cañón descubierto es mucho más profundo que el mismo cauce del río (con 2 a 3 metros de profundidad durante aguas medias) y se extiende por lo menos desde el ingreso del río Uruguay a la Argentina, hasta su desembocadura en el Río de la Plata. El trabajo de investigación se inició en 2008 y estuvo a cargo de los doctores Daniela Kröhling y Martín Iriondo, investigadores del CONICET y de la Facultad de Ingeniería y Ciencias Hídricas (FICH) de la Universidad Nacional del Litoral (Santa Fe).

Con la participación en el proyecto de investigación de un geólogo del Instituto Argentino de Oceanografía (Bahía Blanca), el Dr. Eduardo Gómez, y con el apoyo del Técnico Ariel Raniolo, quienes además de su experiencia aportaron el uso de técnicas novedosas e instrumentos científicos de alta resolución usados en ambiente marítimo costero, se alcanzó un conocimiento más acabado del lecho del río Uruguay en Misiones.

Los especialistas se encontraron con una fisura en el lecho del río que no figuraba en ningún mapa previo, pero que también llamó la atención de los técnicos que realizan los estudios geológicos y de impacto ambiental de la represa Garabí-Panambí.

“Se trata de un cañón (comparable con el del Colorado, aunque no en magnitud), pero subacuático. Está sumergido y logra ser visible durante el nivel de aguas bajas del río en la zona de Moconá o en la zona del Salto Grande, en Entre Ríos, antes de la represa”, afirmó la investigadora””.

EL RIO URUGUAY Y SUS PUERTOS. Una de las consecuencias de la características del río con sus puertos naturales profundos y numerosos sitios para resguardo de embarcaciones como amplias desembocaduras de ríos y arroyos o las ensenadas entre altos puntos fuertes de la costa, fue, precisamente, la utilización del territorio para fomentar la comunicación, el intercambio socio cultural y el comercio.

La fundación de poblados alrededor de estas zonas portuarias dio lugar a la creación de varias de las ciudades hoy existentes, algunas de las cuales se convirtieron en verdaderos sitios de construcción de embarcaciones y prestación de servicios para mantenimiento de las mismas. Recomendamos la lectura e información al respecto del patrimonio fluvial del Bajo Rio Uruguay en la investigación el Dr. Loic Menanteau y René Boretto que puede retirarse desde la “Biblioteca Virtual de Río Negro” en la URL https://www.dropbox.com/s/2u8igejqfx2a822/Menanteau-Boretto-%20%28Resumen%20en%20espa%C3%B1ol%29.pdf?dl=0

EL PAISAJE HOY: LOS MONTES AUTÓCTONOS.

Debemos insertar como componente de nuestros campos, la vegetación, dado que históricamente, es lo que se destacaba en sus características principales. Los montes fueron seguro abrigo para el ganado y se considera que fueron esenciales para la conservación y aumento de la cantidad de los vacunos desde mediados del siglo XVI.

Más en épocas histórico contemporáneas, la explotación de los montes se hizo para proveer a las embarcaciones que surcaban el rio Uruguay de carbón y leña. Se puede destacar el monte nativo, también llamado monte indígena, en el cual destacan las especies de plantas leñosas, constituye un ecosistema muy complejo, en el cual coexisten una diversidad de seres vivos que interactúan entre sí y con el medio.

La alteración de alguno de sus componentes, afecta la supervivencia de muchas especies. Asimismo, El monte ribereño comprende las especies vegetales que viven en las formaciones arbóreas de las márgenes de los cursos de agua, actualmente representadas por más de 500 especies que habitan en ella y el agua es lo más importante.

Algunas especies crecen en las propias márgenes con las raíces en contacto directo con el agua o en zonas cercanas, como el “Sauce Criollo”, “Sarandí colorado, “Sarandí blanco”, “Blanquillo”, “Mataojo”, “Ceibo”. En zonas más alejadas y menos húmedas suelen vivir “ Chalchal”, “Arrayán”, “Francisco Alvarez”, “Guayabo Colorado”, “Murta”, “Canelón”, “Laurel Negro”, “Laureles”, “ Blanquillo”, “Coronilla”, entre otros. Por último, hacia las afueras aparecen en las especies más xerófilas, como “Tala”, “Coronilla”, “Espina amarilla”, “Aruera”, “Palo de jabón”, etc.

Se estima que en épocas históricas, un 25% del total del actual territorio nacional, estuvo cubierto por montes autóctonos. En condiciones donde no haya alteración, los ejemplares arbóreos crecen con fuste relativamente recto y copas estrechas debido a la alta abundancia de los mismos, formando un dosel de copas que sombrea totalmente el suelo. Además de las formas de vida mencionadas existen especies epífitas, parásitas y trepadoras que en algunos casos hacen impenetrable los montes.

LAS PRADERAS NATURALES. Los suelos. Estos comentarios, extraídos principalmente de informes técnicos residentes en internet, nos permiten hacer una referencia simple pero comprensible. El relieve uruguayo se define como penillanura ya que en él predominan las formas bajas, presentando una altitud media de 120 metros y una altitud máxima, excepcional de algo más de 510 metros.

Se consideran terrenos muy antiguos, debiendo su formación al desgaste durante millones de años. No existen montañas, ni grandes depresiones, ni obstáculos insalvables para una comunicación.

En un período geológico contemporáneo o moderno, se puede reconocer una estructura de suelos profusamente irrigados por numerosos ríos y arroyos, marginados por bosques naturales que se continúan con grandes extensiones de fértiles praderas con abundantes pasturas completan el sintético cuadro del paisaje.

En el territorio aledaño el rio Uruguay, en lo que actualmente se denomina “el litoral”, los suelos se han formado sobre bases distintas, sobre todo sustratos basálticos o sobre materiales ígneos o metamórficos, donde se encuentran principalmente los suelos de mayor potencial del país. Son suelos profundos, negros, de textura pesada, con permeabilidad lenta a muy lenta.

Aunque no necesariamente son los únicos, se han definido en mayor cantidad los suelos “vertisoles”. Son suelos formados de materiales sedimentarios compuestos por arcillas expandibles, que se tornan muy plásticos y pegajosos cuando están húmedos y muy duros cuando se secan, lo que da lugar a cuarteaduras y fisuras de tamaños y profundidades variables. Con un buen manejo, son suelos muy productivos.

En esta área del país (litoral medio y bajo del río Uruguay) los suelos dominantes se desarrollan sobre areniscas de edad cretácica, arenas arcillosas y loess. La topografía es ondulada y suavemente ondulada. La fertilidad natural es alta en el sector sur (Colonia, Soriano y Río Negro) y media en el sector norte de Paysandú. A la alta fertilidad se le suman condiciones físicas favorables, por lo que son los mejores suelos agrícolas de Uruguay.

LAS ESTANCIAS. Tomemos como definición de la Real Academia de Ingeniería, a qué se ha dado en denominar “estancia”. Se trata de un espacio físico donde el ganado permanece habitualmente en el mismo territorio en oposición a su cualidad de trashumante o transterminante, es decir que se deslaza de un lugar a otro.

Nuestro territorio es, precisamente, un lugar donde podemos comprender perfectamente esta definición, por cuanto los orígenes del ganado están en su traída desde Europa a poco de iniciado el año 1500, generando su distribución planificada o también su diseminación natural, un crecimiento impresionante.

Pronto el ganado vacuno comenzó a ser considerado como un real recurso no sólo para la alimentación, sino por los elementos comercializables que podían obtenerse de su explotación. Esta, se hizo en forma totalmente irracional, no planificada y sin medir las consecuencias de una sobre explotación lo que era difícil de entender con millones de vacunos desparramados por todo el territorio, aparentemente sin dueño ni control.

Con esta riqueza, el concepto de propiedad de España, cambió y se fomentaron acciones para frenar los robos de ganado que era llevado por millares hacia propiedades portuguesas y para las estancias jesuíticas. También cobró otra interpretación la propiedad de la tierra que se otorgaba por miles de hectáreas a pocas personas para una finalidad para nada productiva. Los campos se elegían de acuerdo a sus mejores condiciones para crear “encerronas” es decir corrales naturales como eran, por ejemplo, las desembocaduras de arroyos y “horquetas” formadas por dos corrientes de agua donde retener los animales era fácil.

De esta manera, territorios que tenían amplias costas al rio Uruguay, como lo era en el siglo XIX el departamento de Paysandú, comenzaron a demostrar los valores económicos reales que significaba disponer de tanto ganado y desde ya llegando el 1800 varios establecimientos iniciaron el poblamiento de tan esplendorosa región.

De estas estancias primitivas, fue importante la de don Francisco Martínez de Haedo, nacido en 1728 en Ampuero (Vizcaya) y casado en Buenos Aires en 1768.

De su vinculación con el gobierno de Buenos Aires y habiendo sido su proveedor, pronto encontró la oportunidad de cobrarse una gran suma de dinero que se le adeudaba y antes de darla por perdida, denunció tierras en la Banda Oriental del rio Uruguay. Dicha denuncia, de fecha 7 de setiembre de 1763, incluía terrenos “entre los ríos Uruguay y Negro, desde donde se abrazan las aguas de estos con la islilla del Vizcaíno, hasta el Río Queguay, que desagüa en el citado Río Uruguay” más desde “la costa del Río Negro hasta el naciente y desagüe del arroyo de Las Cañas tacuaras, San Joseph o Tres Árboles que hace horqueta con el arroyo de Salsipuedes y juntos estos dos arroyos tributan sus aguas al referido Río Negro”.

La Gobernación del Yapeyú, que ya había celebrado con el gobierno de Buenos Aires en 1721 una “concordia” para repartir las respectivas jurisdicciones territoriales y las condiciones para la extracción de ganado de la banda oriental del río Uruguay, ya se consideraba propietaria de parte de las tierras denunciadas por Martínez de Haedo, en lo que era la parte más al sur de la estancia jesuítica “Tupambaé” (que significaba propiedad de Dios) y que tenía una extensión de norte a sur de más de 400 kilómetros.

Esta situación originó un largo pleito que recién en mayo de 1802, terminó con un acuerdo fijando los respectivos límites. Veintiocho años donde hubo, por supuesto, enfrentamientos armados entre las peonadas de ambos dueños. No obstante todo, la familia Haedo había tomado posesión de estas tierras mediante la creación de una estancia, llamada “De Nuestra Señora de las Mercedes” situada en un puerto llamado “de Fray Bentos” aunque no precisamente en la punta donde actualmente esta ciudad se encuentra sino algo más al norte, donde geográficamente se acercan las costas del rio Uruguay con uno de los grandes meandros del río Negro, considerado como el ingreso a lo que llamaba ”el rincón de Valdés” o “el rincón de las gallinas”.

El crecimiento del número de cabezas de ganado, creció exponencialmente. Martínez de Haedo declaraba en 1768 que disponía de 15.679 cabezas de ganado. La declaración del año 1773 sería de 59.562 cabezas en su enorme estancia donde, por imposibilidad de vigilancia total, el territorio se convirtió en tierra de contrabandistas, faeneros y gente fuera de la Ley.

COMO ERA UNA ESTANCIA. Tomamos como referencia un aporte documental, extraído de un excelente material de recopilación e interpretación de la historia del poblamiento del Departamento de Río Negro, cuyo autor fue el estimado profesor y amigo (ya fallecido) José Pedro Oliver, poniéndonos a disposición tal texto.

Haciendo referencia a la estancia de los Martínez de Haedo y citando al profesor Juan Pivel Devoto en su publicación "Raíces coloniales de la República Oriental de 1811", explica: “Las poblaciones de aquella primera estancia tenía los rasgos característicos de las primitivas estancias cimarrona, varias grandes Ranchadas de paja y de terrón, una de las cuales albergaba al mayordomo o capataz con la peonada; otro servía de gran cocina comedor y también de vivienda para los esclavos negros que dormían en su interior o bajo el alero; cerca de la cocina un horno de pan; el edificio principal más amplio y decentemente amueblado para cuando el dueño visitaba el establecimiento y luego espaciosos depósitos para los cueros, cebos y otros artículos.

Dispersos en las dilatadas praderas y arrinconadas de la estancia, pastaban miles de animales vacunos y caballos; el cuidado de la enorme extensión del latifundio y de los ganados que en él se encontraban exigió el mantenimiento de gran cantidad de peones que se distribuyeron en otras estancias y numerosos puestos provistos de caballos, carros y bueyes, estratégicamente ubicados, para cortar la salida del vacaje de las grandes rinconadas y vigilar y controlar las correrías de los tapes misioneros, de los indios alzados, de los changadores que hacían corambre por sí o por contrato y de los contrabandistas portugueses que llegaban para hacer cueros o arriadas de ganado.

Distintos testimonios documentales hacen referencia a la ubicación de otras estancias de Haedo, una de ellas menciona una estancia denominada de las Gallinas, ubicada en la costa del Río Negro. Estas peonada se ocupaba en primer lugar como ya hemos dicho, de evitar que el ganado saliera fuera de los límites de la estancia trayendo todo el que se hubiera extraviado y sobre todo de evitar el hurto o aprovechamiento ajeno de cueros y animales; en la época adecuada castraban y marcaban a todos los animales jóvenes con la marca del establecimiento y luego durante la primavera y el verano, matando animales vacunos en la mayor cantidad posible, para sacarles los cueros, el sebo y hacer charque o tasajo.

La primavera era la época para el sebo pues los pastos estaban muy crecidos antes de los calores del verano que abrazaban todas las tierras entonces los bueyes estaban en excelentes condiciones; durante el verano enflaquecían y recobraban un tanto sus carnes al avanzar el invierno, cuando las lluvias cubrían los campos de hierbas frescas.

Los cueros se secaban con gran cuidado extendiéndoselos con estacas para este objeto; se doblaban y estiraban en los depósitos; para preparar el tasajo se cortaba la carne en tiras largas y delgadas que se sumergían en agua de sal se secaban al aire.”

UNA ESTANCIA DIFERENTE. También utilizando información recopilada por el Profesor José Pedro Oliver en relación a lo observado históricamente en el Departamento de Río Negro, digamos que la estancia a diferencia de la vaquería suponía una determinada localización de la estancia como empresa y la localización en el terreno así como el asentamiento del hombre en el interior, es un fenómeno que se va realizando en forma paulatina en los campos de la Provincia Oriental.

Una estancia requería el asentamiento de la mano de obra y a veces, no siempre, del propietario. La estancia fue elemento nuclear en el orden social cuando el terrateniente no disputaba la tierra a los pobladores modestos que se cobijaba bajo el amparo de su poder.

Se le puede considerar a este tipo de estancia como punto de partida de nuestra organización económica; centro avanzado de colonización en aquella época, caracterizada por rasgos típicamente feudales: impotencia del poder central, dispersión de las autoridades, protección privada del débil, derecho y obligación de legítima defensa.

La célula social que fue la estancia, por su poder, por la protección que dispensaba y por la posibilidad de trabajo que brindaba era en aquel medio rudimentario un elemento de atracción; en sus cercanías se agrupaba en rancherío de modestas viviendas de barro y paja, cuando no preferían buscar la sombra amparadora de alguna capilla rústica.

Desde fines de la década de 1870, tuvo lugar el avance de ocupantes infiltrándose en los campos de Río Negro vacantes donde se instalaron en forma permanente. De esta manera aparece un nuevo elemento que es el llamado hacendado civilizador del medio rural.

Se afincó en el con una familia, levantó su vivienda, pobló la estancia con rodeos de ganados mansos cuyo procreo vigilaba cuidándolo de las pestes y de las desvastaciones de los perros cimarrones que devoraban las crías.

Este estanciero colonizador fue propulsor de la riqueza; debió poseer la fortaleza necesaria para afrontar la soledad y la rudeza del medio, expuesto a las acechanzas del bandolerismo y el malón.

La extensión efectiva de una estancia dependía del número de peones, esclavos y agregados armados de que podía disponer un estanciero. El poderoso levantó casas de piedra con sólidas rejas donde corrían a refugiarse en caso de ataque no sólo sus familiares sino los pobladores más débiles.

Respecto a la ocupación de tierras, el acceso a las mismas se fue realizando en nuestros campos a partir de 1790 por otras vías aparentemente legales: por "denuncia" y por promesa de venta. La primera exigía trámites ulteriores bastante complejos y caros antes de terminar con la adjudicación; trámites que por lo general nunca se terminaban suspendiéndose en las primeras etapas del proceso.

También, la ocupación por el sistema de venta no era infalible porque al igual que el primero, nunca se perfeccionada, motivo por el cual la mayor parte de los poseedores de tierras de nuestra campaña carecía de títulos jurídicos perfectos.

Por otro lado y a pesar de que ya estas tierras no dependían de Buenos Aires sino de Montevideo se fue observando cómo integrantes del sector dirigente, ricos comerciantes, allegados cuando no integrantes del Cabildo, serán los primeros en utilizar los instrumentos jurídicos relativos a tierras para hacerse dueños de enormes extensiones.

La posibilidad de realizar denuncias de tierras sin ocupantes o aún con ellos, moviendo influencias ante las autoridades de Montevideo o Buenos Aires, permitió el acceso a la tierra de personas que nunca pensaron afincarse en las mismas; era un poseedor de que detentaba la tierra no para colonizar sino para utilizarla como lugar de faena de ganado cimarrón que penetraba en búsqueda de pastos y agua. Para salvar las apariencias de que la tierra había sido efectivamente ocupada, a veces dejaba en ella un pequeño rodeo, que también servía de cebo para atraer el ganado silvestre que vagaba sin rumbo fijo.

Cuando llegaba la primavera el propietario comisionaba desde la ciudad a un capataz para que con una partida de changadores contratados al efecto se trasladara al campo a realizar la matanza en gran escala del ganado alzado que encontrara, con el exclusivo objeto de extraer el cuero.

La carne se la comían los perros cimarrones. En definitiva, el gran latifundio triunfó ampliamente envolviendo en un abrazo asfixiante a los pequeños y medianos establecimientos a principios del siglo XIX grandes denunciantes se repartían todo el territorio del actual departamento de Río Negro.

LA ESTANCIA CON MENTALIDAD EUROPEA. Desde principios del Siglo XIX, se comienza a notar una expansión de los rebaños y la mejora de la seguridad y el control de los mismos, dando la razón a quienes resguardaban sus animales con prácticas cada vez más celosas, evitando su pérdida por robo, por muerte debida a pestes y enfermedades, etc.

No obstante, lo que aún primaba era tener ganado en cantidad; generalmente ignoran la calidad del ganado. Así, la producción se limitó en esas épocas a expansión extensiva y no intensiva, todo ello alentado por la inmensidad del territorio y la facilidad de obtener tierras, con ganado relativamente fácil de conseguir.

Es de hacer notar que el mercado tampoco tenía exigencias notorias, sobre todo porque el sostén del sistema de explotación de la carne para tasajo requería cualquier tipo de carne.

Se considera que recién para el siglo XIX se da comienzo a una visión diferente que consistió en la mejora de los rebaños. De esta manera se verifica un atisbo de modernización del sector, aunque no en forma total, puesto que pocos estancieros comenzaron a ver el beneficio de tener mejores rebaños, mejor alimentados y carnes de mejor calidad, así como animales de mayor rendimiento.

La mejora de los rebaños, evidentemente, sugirió la mezcla de razas, buscando mejora del tamaño de los animales y su mejor carne. Ello supuso la importación de ganado superior, principalmente de la Inglaterra. Uno de los aspectos más importantes que contribuyó a la modernización de las estancias fue la adopción del cercado o alambrado. Ya para finales del siglo XIX las estancias empezaron a ver a conveniencia del sistema y en algunos casos, como en Uruguay, se hizo obligatorio mediante leyes del gobierno, como la del Gral. Lorenzo Latorre en 1875.

Alambrados para mejorar los derechos de propiedad, tanto en términos de ganado como de tierra. La subdivisión del territorio permitía mantener tipos de ganado por separado, tanto por su calidad como por su preparación para las últimas etapas del proceso industrial.

El uso de mano de obra se limitó y además se hizo más efectivo. Otra de las consecuencias fue el poder del terrateniente para fijar mejor los límites del campo. En la importación, el puerto del establecimiento Liebig fue utilizado para la llegada de toneladas de alambre especial para el cercado de las estancias.

El obtener ganado de más calidad, apuntó a la cría selectiva. En lo institucional, el Río de la Plata vio llegar una etapa de organización mediante la formación de la Sociedad Rural en Buenos Aires y la Asociación Rural en el Uruguay, lo que condujo a mejor relacionamiento general del manejo de la riqueza ganadera. Se estima que para 1882 el 64% de todas las estancias en Uruguay estaban cercadas.

En Fray Bentos, la empresa Liebig prefería en sus inicios el ganado criollo a los animales mejorados, porque la carne necesaria para su extracto y carne conservada, así como la producción del tasajo que no se eliminó hasta por lo menos 1910.

La estancia en general, vio llegar también la oportunidad de realizar cría mixta, no sólo para la venta a frigoríficos sino también para exportar carne en pie, lo que diversificó las exportaciones, de la mano del aumento de las líneas marítimas y los sistemas de transporte.

No obstante, hacia 1900, Inglaterra prohibió el ingreso de animales en pie como defensa a su propia producción así como los casos de enfermedades.

ESTANCIAS PIONERAS EN RIO NEGRO.

1) Estancia Nueva Mehlem El litoral del río Uruguay vertebró el asentamiento de alemanes en el interior, por medio de colonias de carácter agrícola. Una de las primeras sería la de Nueva Mehlem, obra de los hermanos Richard y Karl Wendelstadt. Emigraron al litoral aproximadamente en 1850, luego compraron la estancia “El Curupí” en el departamento de Soriano.

Unos años más tarde adquirieron campos en el entonces departamento de Paysandú a los que dieron el nombre “Nueva Mehlem”, en recuerdo a Mehlem, su zona natal en Alemania. Esta nueva propiedad, de 27.000 hás., estaba rodeada por 32 puestos de avanzada, de ellos 31 eran ocupados por familias alemanas entre las que se mencionan: los Prantl, Dieringer, Panzl, Deichmann, Schaumann, Binnevies, Steinhardt y Schulze.

Entre tanto la familia Wendelstad en Alemania, se interesó por las inversiones de sus familiares en el Uruguay. De la estancia “Nueva Mehlem” se desprendió el núcleo fundador del Pueblo Nuevo Berlín, por decisión de los hermanos Wendelstadt, cuando por una quiebra económica muy fuerte, abandonaron el Uruguay.

Previamente, encargaron al agrimensor Fridolin Quincke el delineamiento de un poblado para la peonada y sus familias, tarea ésta que fue realizada a fines de 1874. De a cuerdo al plano topográfico, diseñado en tela contó con una superficie de 1.238 hectáreas.

La fundación de Nuevo Berlín correspondió a los años 1868-1875.

2) Viraroes. Un drama de amor, con presagios de tragedia, conmovía a una lánguida comarca de Escocia en las postrimerías del siglo XVIII.

La joven y bella Catalina, niña mimada de la famila Erskine, corría peligro de quedar viuda antes de casarse con su pretendiente Alejandro, el menor de los Stirling, quien ya le había robado su corazón y reclamaba el goce de “todo lo demás”. La familia Erskine se opuso, al considerar que Alejandro era indigno del rango social de la novia, descendiente por línea bastarda de un lejano Rey de Escocia. “Stirling no es un buen candidato –amonestaron sus parientes a Catalina, delirante porque Alejandro concretara sus deseos–. Que se aleje de tu vida, o nos cobraremos la suya”, sentenciaron.

La condena a muerte era irrevocable. Se casaron en secreto y ese mismo día, con algunas libras provistas por el padre de Alejandro, huyeron rumbo a Brasil, a bordo de una goleta donde libaron mieles de la luna durante toda la travesía. En Rio de Janeiro, el joven Stirling –que tenía estudios de arquitectura y afición por la ebanistería– fue contratado en la construcción del Palacio del Emperador Pedro I en Petrópolis, para supervisar las esculturas en madera.

Rio era entonces una villa insalubre, rodeada de pantanos, donde todo tipo de enfermedades diezmaban a los lugareños. El primer hijo del matrimonio (David) murió de fiebre amarilla. La angustia de Catalina convenció a su esposo de abandonar Brasil en busca de un clima más benigno.

Partieron entonces para Buenos Aires. Apenas llegar, los Stirling encargaron al segundo David, esta vez argentino y resistente, al que seguirían con los años diez hijos más. Alejandro Stirling trabajó como ebanista en el tallado de la puerta de la catedral bonaerense, antes de afincarse finalmente en Uruguay.

Las razones que motivaron a los Stirling a empacar de nuevo y cruzar el río fueron también sanitarias, pero de origen político, conforme a la versión de una de sus hijas, Isabel. Según cuenta la historia, a los escolares que no manifestaban su adhesión al gobernador Juan Manuel de Rosas usando una escarapela punzó –distintiva de su causa– los molían a golpes, en el marco de la terrible guerra civil que enfrentaba a “federales” contra “unitarios”.

La fatalidad se ensañó nuevamente con el nombre David, el pequeño Stirling argentino de apenas 10 años: una salvaje golpiza policial le causó fractura de caderas, dejándole postrado en cama por muchos meses y el resto de su vida sin poder caminar.

La horrorizada madre, una vez más, reclamó emigrar. Los Stirling se habían hecho muy amigos de los Haedo. Como miembros del patriciado colonial español, los Haedo habían sido agraciados con vastísimas tierras en la Banda Oriental. Estos amigos vendieron 2.000 cuadras de sus tierras a los Stirling. Alejandro obtuvo así la ocasión de practicar la cría de ganado, como sus ancestros lo hicieran antaño en Escocia. En el epicentro de aquel vasto territorio, Alejandro Stirling construyó una mansión que se convertiría en “la estancia madre”, una casa de estilo virginiano con notables columnas en la fachada principal.

La estancia fue bautizada con el nombre guaraní de “Viraroes”. El resto de la familia –entre los que se encontraba el bisabuelo de nuestro Guillermo ministro y candidato– remontó el río Uruguay hasta alcanzar las costas de los departamentos de Río Negro y Paysandú, para reunirse allí con su padre y ayudarlo en el trabajo rural.

La paz y seguridad que anhelaban los colonos escoceses tampoco imperaban en torno a su nueva residencia, debido a las luchas entre “blancos” y “colorados” que inflamaban el país alrededor de 1850. Sucedió un día que Alejandro, hijo homónimo del jefe de familia, emprendió una larga cabalgata para interceptar el paso de su madre. Un grupo “colorado” lo detuvo a medio camino para pedirle informaciones. En ese preciso momento, un grupo “blanco” estaba observando la escena desde lejos, sacando la conclusión de que Alejandro era un espía al servicio del enemigo.

Este grupo estaba al mando del mismísimo General Flores en persona. Nunca más se supo de Alejandro, y se presume que fue matado allí mismo. Desde ese momento, todos los Stirling han sido “colorados”. Y nunca más volvieron a Escocia.

Los Stirling, entonces, echaron raíces en Uruguay. El viejo Stirling entregó a cada uno de sus hijos, como regalo de bodas, una estancia de 7.000 hectáreas. Estas se llamaron “Rincón de Francia” (en honor al dictador paraguayo), “Santa Isabel”, “Rincón Augusto”, “El Porvenir”. También otras estancias, como “La Torre Alta” y “La Esperanza”, agrandaron el dominio familiar por aporte de cónyuges ingresados al clan.

Del tronco original, dos ramas contiguas se cruzaron: Manuel Stirling y Flora Stirling, primos casados entre sí, abuelos de nuestro Guillermo ministro y candidato. Manuel Stirling incursionó en política. Ejerció con destaque la jefatura de Paysandú en el año 1899, con el apoyo y confianza de todos los grupos políticos. Fue electo diputado en 1905 y reelegido posteriormente, figurando como primer suplente del Senado. Fue senador por Río Negro en el período de 1915 a 1919. En 1916 fue vicepresidente del Senado.

Aquellos primos concibieron a don Elbio Manuel Stirling Stirling, quien, casado con doña Ester María Soto, tributaron al Uruguay tres hijos, el menor de los cuales es nuestro conocido escribano Guillermo. El árbol importado de Escocia presenta, al día de hoy, una frondosa ramificación uruguaya, al punto de que el 26 de abril del año pasado, la asamblea general del clan local reunió a más de 200 personas en el Centro de Protección de Choferes de la Avda. de las Instrucciones.

El menú fijo del encuentro familiar, que se prolongó durante todo el día, estuvo compuesto por “chorizos y colitas de cuadril, ensalada de lechuga y tomate, vinos, agua mineral y helados”. El “scotch”, sin embargo, no estaba prescrito, pero la invitación garantizaba que las aportaciones personales serían muy bien recibidas.

Oriundos del mismo núcleo primario, Escocia ha exportado Stirlings a los cinco continentes. Hoy constituyen un profuso linaje, “el Clan Stirling” –así llamado oficialmente–, que hasta tiene un sitio propio en Internet, del que participan en sus foros varios investigadores aplicados a reconstruir y conectar todo el árbol genealógico, incluido el uso de técnicas de ADN.

Entre los miembros conspicuos del Clan, el de más reciente notoriedad es Glenn Stirling, actual jefe de seguridad del Aeropuerto Internacional de Bagdad, “uno de los blancos terroristas más calientes del mundo” –dice la crónica–. “Ama su trabajo y hasta tuvo la oportunidad de sentarse en el trono de Saddam”.

Glenn, de 34 años, logró el puesto luego de encabezar la unidad antiterrorista del aeropuerto de Hong Kong. Convocado por los invasores para examinar la seguridad del aeropuerto de Basora, en el sur de Irak, asumió su cargo actual tras recibir un intenso entrenamiento en los Estados Unidos.

Su celebridad como el Stirling más famoso del mundo, empero, hoy se encuentra amenazada por otro miembro del Clan, cuya “orientalidad” Glenn no logra asociar con los chinos a quienes vigilaba en Hong Kong: el escribano Guillermo Stirling Soto, candidato “colorado” a Presidente del Uruguay. *

Rincón de Francia es el hogar de la familia Stirling desde 1868. Allí vive Maureen, la heredera, con su esposo Oscar Zabaleta, en un gran casco en una estancia de 1.200 hectáreas trabajadas y casi 300 de monte indígena. La ganadería (con cerca de 1.000 cabezas de ganado), la agricultura y el tambo son los motores de esas tierras cercanas a la ciudad de Young, en el departamento de Río Negro. Maureen es la quinta generación de la familia Stirling al frente de Rincón de Francia, donde nació y creció, y donde también nacieron y crecieron sus seis hijos. Su tatarabuelo Alejandro, un ebanista escocés, se hizo a la América en 1820 junto con su esposa Catalina Erskine.

Desembarcó en Brasil, después se fue a Buenos Aires, pero la vida de la ciudad lo empujó al campo, y llegó a Uruguay. Fue socio de Roberto Young —de la familia a la que le debe el nombre la ciudad— hasta que se independizó y construyó la estancia Viraroes.

En la Guerra Grande, los grupos en lucha requisaron equinos y vacunos, y cuando se firmó la paz, Stirling logró una indemnización por la requisa. Con eso, en 1868 su hijo Roberto compró un campo cercano adonde construyó una amplia casa que recibió el nombre de Rincón de Francia.